En una relación abusiva te lo advierten en la primera cita:

«Yo no quiero dramas».

Y tú piensas: qué bien, un tío tranquilo.

Todavía no sabes a qué llama él drama.

Drama es preguntar por qué lleva dos días contestándote con monosílabos.

Drama es que te moleste que siga en Grindr cuando dijo que lo había borrado.

Drama es querer saber qué sois.

Desaparece.
Vuelve como si nada.
Cambia de humor sin explicación.

Y espera que tú hagas como que no ha pasado.

El día que lo dices, ya no se habla de lo que hizo.

Se habla de tu tono.
De que «ya estás otra vez».

Intenso.
Dramático.
Inseguro.
Celoso.

Mientras tú revisas si eres todo eso, nadie revisa lo que hizo él.

Y tú te callas.

Porque muchos crecimos midiendo cada palabra para que nos quisieran.

Él no te enseñó a callarte.
Encontró a alguien que ya sabía.

Él, tan tranquilo.

Tú, repasando el chat a las tres de la mañana, buscando qué dijiste mal.

Una pareja de verdad también discute.

La diferencia es que después estáis más cerca.
No tú más pequeño.

Si la relación solo va bien cuando tú no dices nada, ahí no hay calma.

Hay uno de los dos que ha dejado de existir.

La pregunta útil no es qué etiqueta ponerle a él.

Es por qué a ti callarte te pareció un precio razonable.

Empieza por algo pequeño.

Di una cosa que te molesta.
Una sola, sin pedir perdón antes.

Quien te quiere, escucha.
Quien te quiere callado, se ofende.

Un hombre pequeño y cabizbajo sentado a una mesa, ante otro que se aleja con el brazo levantado en gesto de advertencia, bajo la luz de la luna

Adaptación de la publicación de Alejandro Pingarrón (@alejandro_estucoach)