Perdónate,

por pedir que te quisiera,

por desear que te tratara bien,

que se quedara,

que se esforzara,

que hiciera algo por ti.

Que te escuchara,

que al menos intentara entenderte,

cuando todo eso

debió nacer de él,

no de tus ruegos.


Perdónate por volver,

por insistir,

por haberte dejado atrás

en el intento de alcanzarlo.

Por vivir bajo su sombra,

por cederle el poder.

Por esas noches sin descanso,

por las señales ignoradas,

aunque gritaban en silencio.


Te quise,

y te quise de verdad.

Con un amor tan limpio,

tan sin condiciones,

que dolía.

Y duele —

porque no bastó.

Porque no supo verlo.

Porque él solo conoce

la tormenta y el caos.

Tanto,

que mi calma

le pareció aburrida.