No me digas que vivo en el pasado,
cuando para ti no hay nada que olvidar
o perdonar.
Ni tampoco me digas que depende de mí
dónde quiero vivir.
Si desde el principio
la condena fue mía
por darle importancia.
No me digas que vivo en el pasado,
cuando tú también.
Cuando anhelas su presencia
pero la disfrazas de indiferencia,
intentando justificar
tus acciones con las suyas.
No hay similitud.
Ni diferencia.
Yo vivo donde tengo que vivir.
Y dudo moverme de aquí.
Porque no puede haber reparación
cuando no hay arrepentimiento.
Ni dudas de si lo que se hizo
estuvo mal.
Y viviré en el pasado
mientras se sienta más seguro.
Mientras en el presente
siga sintiéndome vulnerable
a la manipulación que sufrí.
Mientras siga sintiendo
que el daño fue consciente
y evitable.
Mientras no haya reparación.
