A veces no hay mayor razón
que simplemente hacer caso a la razón.
A esa voz interna que te repite:
Ahí no.
Cuando por fin entiendes que lo que realmente le importa es saber si sigues disponible.
Y no tú, exactamente.
Cuando realmente consigues no morder esa manzana envenenada.
Y entiendes que, por mucho que quieras mantener un vínculo en el que te han hecho daño, por mucho que pudiera ser posible el milagro de un cambio tan estructural en esa persona —a pesar de ser casi imposible—, es una mala idea.
Junto con esta reflexión, me gustaría compartir hoy una parte de este cuentoterapéutico de Olga Barroso Braojos:
Volver a ser amada, volver a ser consolada, reconfortada por alguien que nos dio en el pasado un amor inmenso pero que también nos hirió desalmadamente no puede sino llenarnos de cenizas el corazón a la vez que de amor. Y un corazón lleno de cenizas se acaba asfixiando, por muy feliz que esté a ratos.
Esas cenizas, que como posos de un café no filtrado deja un amor que no es pleno, nos irán ennegreciendo hasta convertir nuestro corazón en un corazón gris para el que será inalcanzable el don de la alegría y la sensación de haber sido bien amada. ¿Por qué renunciar a esto? ¿Por qué renunciar a respirar aire no contaminado? Si sólo tengo ese aire con cenizas para vivir podría ser una opción. Pero el mundo está lleno de aire puro al alcance de tu mano. ¿Por qué vivir presa de un aire contaminado?, ¿sólo porque fue el primer aire con el que te sentiste amada? ¿Sólo porque fue el que hasta la fecha te ha dado el mejor consuelo?
¿No te parece que no sería buena idea montar la empresa de nuestra vida con un compañero de trabajo, por muy buen amigo nuestro que hubiera sido, que ya nos hubiera robado todo nuestro dinero una vez? ¿Por no hacer el esfuerzo de buscar otro socio?
Cuento terapéutico Olga Barroso Braojos. M-20129
