Hay algo que tienen en común todos los adictos a cualquier cosa.
Y es que, pese a estar rehabilitados, siempre van a ser adictos.
Me gustaría compartir una reflexión del psicólogo Fabián Carazo, experto en adicciones:
Una de las trampas más peligrosas de una adicción aparece cuando empiezas a pensar: “Ahora sí, podré consumir en ocasiones especiales. Ahora soy otra persona”. Suena a control, pero muchas veces es exactamente lo contrario: es la adicción intentando volver a entrar, pero esta vez con argumentos.
Puedes llevar meses, incluso años sin consumir. Puedes estar mucho mejor. Pero eso no significa que tu cerebro haya olvidado lo que aprendió con esa sustancia. Y cuando vuelves a consumir, no empiezas de cero. Reactivas un camino que tu cerebro ya conoce perfectamente.
Por eso hay una pregunta que tal vez esté mal planteada: “¿Algún día podré volver a consumir con control?”. Quizá la pregunta importante sea: “Si he conseguido salir de ahí, ¿para qué necesito demostrar que puedo volver?”.
Recuperarte no es aprender a consumir mejor. Es dejar de necesitar negociar con el consumo.

Este psicólogo habla literalmente de drogas.
En Sin que tú lo notes, hablo de relaciones.
Sin embargo, sabemos que algunos vínculos pueden activar en nuestro cerebro circuitos de recompensa y motivación que se solapan con los implicados en las adicciones. Por eso, determinadas relaciones pueden generar una necesidad que, racionalmente, no siempre somos capaces de explicar.
Y creo que la clave está precisamente en lo que dice este psicólogo:
Pensar que tienes el control.
Jamás vas a tener el control de un vínculo que siempre fue desregulado.
Quizás puedas incluso llegar a tener una falsa sensación de control. Una sensación que se evaporará, probablemente, en cuestión de semanas, devolviéndote a ese estado de ansiedad que ya conocías demasiado bien.
Todo para recordarte que todavía quedaba trabajo por hacer.
Lamentablemente, no se puede hacer las paces con una adicción.
Tan solo se le puede cerrar la puerta.
Con la misma fuerza con la que entró.
No vale consumirla a ratos.
No vale pensar que ahora sí controlamos.
Porque también lo llegamos a pensar en otro momento.
Hasta que nos rompió en dos.
Y después de sanar, sí, somos más fuertes.
Pero seguimos teniendo la debilidad.
Y las debilidades encuentran su manera de entrar.
Por eso, mejor no abrir.
Y sí.
No estoy hablando de drogas.