Solo me faltaba una pieza del puzle para encajar.

Y aunque sabía dónde estaba,
hasta ahora no había conseguido colocarla.
Se resistía.

Pero fue tan sanador verla entrar, por fin.
Me regaló paz.
Es más, ahora incluso duele menos.

Porque entendí que los fuegos
no siempre se apagan con lluvia,

ni que todas las perlas salen del mar.

También entendí que la lógica es una ciencia filosófica,
no matemática.
Que en matemáticas se cuenta,
pero en filosofía se reflexiona.
Y que, cuando uno reflexiona,
uno y uno no siempre son dos.

A veces,
es el tercero
quien termina la suma.

Y entonces, por fin,
todo cobra sentido.

La suma.
El puzle.
Mi calma.
Mi realidad.
Mi razón.

Yo.