El dolor es energía.

E igual que entra,
sale.


Por eso es importante transitarlo,
abrazarlo,
entenderlo.


Para que se vaya,
sin dejar más huella
que el aprendizaje.


Pero si decides no escucharlo,
déjame decirte algo:


no se irá.


Se enquistará.


Y volverá a aparecer,
incluso más fuerte.


Porque el dolor que no se siente
no desaparece;
solo espera.


Vendrá mezclado con miedo.


Completa tu duelo.


Acepta el final de las cosas.
Agradece haberlas vivido.


Porque si, por el contrario,
prefieres distraerte,
poner una tirita antes de que la herida cicatrice,
ya sea con alcohol,
drogas
u otras personas,


dejarás de tener un problema
para tener dos.