Te recuerdo en esa noche de viernes bebiendo cerveza y fumando mientras dabas por hecho que lo nuestro no iba a durar para siempre. Era inevitable que justo en ese momento quisiera sacarte los ojos para ponérmelos y ver todo de la manera en la que tu lo veías a sabiendas de que de ser así, habrías sido tu quien hubiese sufrido, pues te hubieses quedado ciego, como yo.