Era su olor. Nada más, era el olor que desprendía lo que verdaderamente le ponía celoso al pensar que dicho olor pudiese ser disfrutado por otra persona. Quería agarrarle, estrujarle, decírle que su olor era superior a sus fuerzas, que era su debilidad, a pesar de saber que ser completamente sincero supondría alejarse más de él, por lo que prefería callarse y fingir que no disfrutaba a su lado. Era una agonía lenta y dolorosa pensar en un futuro adiós. Pensar en ese futuro le enfermaba y le hacía perder el control de la situación, pero ya estaba perdido, ya que nada sería igual que antes, pues ya lo único que le preocupaba era el tiempo que pasaría hasta que volviese a su cama y se retorciesen de placer hasta caer dormidos. El helado de después de comer. Los secretos al oído. Las carcajadas. Los abrazos que le dejaban sin respiración...
Luis Écija
Stay Strong