Era consciente desde hace tiempo como de profundo era ese agujero en el que había caído, y a pesar de conocer la manera de salir, quería quedarme dentro, quería agotar las pocas fuerzas que me quedasen, luchar por vivir a gusto dentro de él, a pesar de no tener ayuda de nada ni nadie, y de no tener ninguna esperanza de salir afuera, hasta que me di cuenta de lo oscuro que se estaba ahí abajo y quise salir pero vi que ya no podía. Al haber guardado todas las fuerzas para ti, para que tú fueses feliz y que en ningún momento se te olvidara sonreír, lo único que conseguí es que se me olvidase como sonreír a mí. La diferencia es que yo nunca te hice falta para hacerlo, lo cual me hizo admirarte viendo la manera en la que yo me sentía, hasta que entendí que no era una cualidad, y que solo se trataba de la poca importancia que tú quisiste darme, porque no existía falta de tiempo, sino de interés. No te culpo, no te hago culpable del estado en el que me he encontrado, porque fui yo quien permitió que mis días girasen en torno a tus ganas de mi. Entonces yo podía conformarme con poco, con tus añoranzas forzadas, con un par de besos vacíos o incluso con tu forma sutil, breve y desganada de tomar la iniciativa, pero ya no, ya no doy más de sí. En este momento me siento derrotado, abatido, decepcionado conmigo mismo, por todo lo que me he olvidado, por haberme abandonado y haber dejado mi felicidad en manos de alguien que creía que la merecía. He arriesgado mi ilusión, mi salud mental, mi tiempo... y he perdido todo. Me he levantado cada mañana pensando que todo podía ser diferente. He esperado días enteros un mensaje tuyo. He dejado escapar a personas que si me merecían. He intentado dormir más para evitar pensar menos. He fallado a gente que me quiere por no fallarte a ti. He fingido ser más fuerte para no así no parecerte alguien débil. He pensado que no era simplemente ''uno más''. He pensado en un futuro contigo para así olvidar el presente. He dejado de ver la ilusión a algunas cosas que sin ti lo hubiese hecho. He valorado menos a mi familia y amigos. He pensado siempre por los dos, o por ti solo. Me he anulado, y no me he querido.
Pero ahora solo tengo ganas de seguir hacia adelante con todos los retos que tenía en mente antes de que aparecieses, de centrarme en esta carrera que me llena, de cuidar más a mis amigos, a mis compañeros y a mi familia, de pasar más tiempo con ellos, de recompensarlos, y sobre todo, de perdonarme por esto que me he hecho.
Te deseo toda la suerte del mundo.
Luis Écija