Solo de imaginar que te vas antes de tiempo,

mis secuencias psicosomáticas

entran en pánico.


Y esta vez no habría un lugar

donde dejar caer el dolor,

ni un sitio donde sostenerme

si vuelvo a equivocarme.


Porque eres lo más valioso que tengo

y también la única persona

que entiende por qué uno puede tropezar

tantas veces con la misma piedra.


Ojalá haber heredado más de ti:

tu valentía,

tu paciencia,

tu forma de seguir incluso cuando duele.


Nunca leerás esto.

Y, como siempre nos pasa,

habrá cosas que seguiremos callando.


“De tal palo, tal astilla”, dicen.

Pero hay astillas que no deberían quedarse dentro.


Por eso quería decirlo,

aunque no lo haga a menudo,

aunque esta vez no escriba

sin que tú lo notes

aunque sea así.


Te quiero, mamá.