cómo encontrar paz 

en el consuelo de saber

que también es difícil enfrente.

En esa calma secreta

de saber que pesa al otro lado.

No por justicia,

sino porque confirma

que no imaginé nada,

que este vacío

no lo sostuve solo.


Y ese vacío que a veces arroja luz

no siempre es luz.

A veces no salva,

no promete.


A veces llega con un sabor amargo,

aunque se mezcle

con lo dulce

de revivir ese olor,

de comprobar

que sigue ahí,

inalterable.


El olor persiste.

Se queda en la pituitaria

como se quedan

las recuerdos que importan demasiado:

sin pedir permiso.


Porque solo duele

la herida con forma,

lo que fue presencia

y no se olvida.

Incurable,

ni con lágrimas de hipogrifo.


Y quizás es justo eso:

el amor más fuerte

que se cruza en una vida

no viene a quedarse, a olvidarse.


Viene a solo a ser eso.


El amor de tu vida.


Pero no

de paz.


ルイスに平和を