Vi una película donde dos torres eran destruidas. Un avión chocaba contra los edificios. Había humo, fuego y gente gritando.

Sin embargo yo me he acordado de ti, de mí contigo. De nosotros.

Yo soy ese edificio y tu el avión que se precipita una y otra vez contra mí. Yo soy el humo, el fuego y la gente gritando. Tu eres el aire que aviva ese fuego, y nuestras promesas las cenizas, que presas del pánico huyen, y que se reparten por todos los rincones de la ciudad que hemos estado, además de por tu cama, donde acompañan a la vieja arena de la playa que me continúa manchando la espalda durante semanas cada vez que duermo a tu lado.
La ceniza y los granos de arena se pinchan en mi espalda, ya son parte de mi. Ni agua hirviendo son capaces de desincrustarlos.  Hago esfuerzo por quitármelos, pero persisten, y me acompañan mientras te echo de menos, mientras cuento minutos para volver a dormir a tu lado y volver a llenarme de arena y ceniza.